Category: Dailies

Visitando a Yadier y Recordando Historias Familiares

Estamos volando en dirección a San Luis y llegaremos a tiempo, eso espero, porque quiero cenar con mi hermano menor, Yadier, el receptor de los Cardenales.

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Cuando los Cardenales estuvieron en San Francisco la semana pasada, lo llevé a almorzar antes del juego a Frutilandia, un restaurante en el distrito de la Misión que sirve comida boricua y cubana. Fue sensacional–un poquito de comida de casa. Y mi novia y yo lo invitamos a cenar una noche, y rápidamente nos encontramos en nuestros largos juegos de dominós y poker y cada uno nos estábamos molestando. (Como muchos de ustedes saben nuestro hermano José, también es receptor con los Yankees de Nueva York. De alguna manera todos hemos logrado un anillo de Serie Mundial. Me han dicho que somos el único trío de hermanos en la historia del béisbol de Grandes Ligas en hacerlo.)

Es curioso cómo todos terminamos siendo receptores. Yo nunca había capturado un lanzamiento en mi vida antes de que un buscatalentos de los Angels visitando Puerto Rico me puso detrás del plato y me dijo que tirara a la segunda base. El buscatalento vino a ver a José, no a mí. Pero mi mamá le dijo que me viera a mí también. Ella no le dijo en realidad. Ella lo acosó. Le enseñó un periódico en el cual estaba una historia sobre mí que decía que había bateado .400 como jardinero en el equipo amateur que ganó el campeonato en Puerto Rico ese año. De cortesía o miedo–no estoy seguro cuál–él le dijo a mi mamá que me llevara al campo a las 3 y me vería.
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Cuando José me dio la noticia, yo le dije que no. “Tu ve y que tengas una buena carrera,” yo le dije. “Está bien.” Pero José insistió.

Al fin dije que sí, pero que sólo había un problema.

Yo no tenía zapatos de béisbol. Él me preguntó que dónde estaban. Le dije que mirara afuera y apunté arriba. Estaban colgados en el alambre de teléfonos mis zapatos de béisbol.

Una semana antes de que el buscatalentos llegara, yo había atado las cintas de los zapatos juntos y los tiré arriba del alambre. Había decidido dejar el béisbol. Había jugado duro y bien toda la temporada, hice todo lo posible y no había interés de ningún equipo de las Grandes Ligas. En serio, hubiese firmado por una caja de zapatos. Yo sólo quería jugar pelota profesional. Pero nada. Me rindo, pensé. Nunca se hará realidad. Es tiempo de buscar en otro lado.

Luego mi mamá le cae con todo al buscatalentos para que me dé una prueba.

José me dijo que podía usar sus zapatos, los cuales usé. Pero me quedaron dos medidas muy grande. Parecía como si estuviera usando zapatos de payaso.

Cuando el busca talentos me vio calentar con José y mi papá, le gustó lo que vio de mi brazo. Fue allí cuando me dijo me pusiera detrás del plato y que tirara a la segunda base. Tiré la pelota como un cohete.

Tres días después los Angels me firmaron por $1,000 y me enviaron a la pelota de novato en Mesa, Arizona. Lo único que tenía era un guante de Lance Parrish de Wal-Mart, el cual pensé que era el mejor–hasta que observé los guantes bonitos de cuero que tenían los profesionales. Pero aún, yo usé el guante de Lance Parrish hasta que se rompieron las cintas.

Mi hermano y yo hablamos mucho de nuestra posición de receptor cuando estamos juntos, y todos nosotros estamos de acuerdo que la parte bella de nuestra posición–la parte que nos gusta más a todos–es la parte psicológica de manejar a los lanzadores.
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Bueno, estoy en el AT&T Park y estamos listos para abordar el autobús en dirección al aeropuerto de San Francisco para nuestro vuelo a San Luis, más de la psicología de catchar en mi próximo blog. Gracias por visitarnos.

Primer Blog…

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Este es el primer apunte en el blog que espero mantener al día durante la temporada. Talvez, les ayude a entender un poco lo que es estar en el clubhouse y en el terreno de juego y me dará a mi la oportunidad de hablar directamente con los fanáticos y conocerlos mejor.

Hoy estaba pensando acerca de los entrenamientos primaverales y de cómo los lanzadores tienen dos caminos a tomar: Pueden pulir lo mejor que tienen, o pueden trabajar en las cosas que necesitan mejorar. Claro, vas a ganar más juegos en el entrenamiento primaveral cuando pones en práctica lo mejor que tienes. Nuestros lanzadores no hicieron eso. Estábamos pensando sobre la temporada y no en un juego en particular de entrenamiento. No ganamos muchos juegos. Nuestros lanzadores se vieron muy mal en ciertas ocasiones. Cuando se frustraron, yo les decía, “Mira, no te enojes. Estas haciendo esto en preparación de la temporada.”

Ahora estamos viendo los resultados.

Tres victorias consecutivas.

No les puedo decir la gran diferencia que tres victorias hacen dentro del clubhouse y en el dugout. Los muchachos están bromeando más. Todos están más relajados. Esa primera semana fue devastadora sin duda alguna. Salimos del entrenamiento y todos estaban diciendo que íbamos a estar en el último lugar en el mundo del béisbol, no sólo dentro de nuestra división. Cuando todos dicen cosas así y de repente comienzas a ganar, te hace creer de nuevo. Piensas… “OK, lo podemos hacer.”

No es que de repente dejes de creer, inclusive, durante las malas rachas. Para mí, es tener fe y confianza. Le tengo confianza a mis compañeros, y siempre me digo a mí mismo. “Esta es una maratón, no una carrera corta.” Siempre estoy hablando con los peloteros jóvenes sobre esto, de cómo estamos en este camino largo juntos y que se mantengan positivos, que no sean tan duros con ellos mismos. Pero las palabras no te pueden llevar muy lejos. Nada te levanta el ánimo como el ganar.

Yo lo puedo ver en los muchachos en el montículo. No están presionándose. Están ubicando la recta, manteniendo a los bateadores fuera de balance. Ellos comprenden que no tienen que dominar a todos. Ha sido una semana muy buena hasta ahora.
Siéntase con confianza de escribir y hacer preguntas o comentarios. Sería magnífico escuchar lo que están pensando.